¿Notas de la traducción en una obra sin autor? «Bot» de Clemens J. Setz
En Bot, Clemens J. Setz emprende un proyecto peculiar: lanzar preguntas a un extenso documento en el que recopiló todo tipo de apuntes, fotografías, cuentos, notas y noticias a lo largo de años. El resultado es un libro único, que me planteó un trabajo igual de singular: traducir una «conversación» sin autor.
Los límites y la naturaleza de la propia autoría, así como el carácter performativo del mundo literario, son objeto de una exploración continuada y sistemática tanto en los actos de presencia como en la producción escrita de Setz, pero muy en especial en este libro, publicado originalmente en 2018, en el que renuncia a su condición de autor. Lo consigue, entre otros medios, con una disolución de las fronteras entre voces narrativas y la figura autoral, pero también con la mezcla de materiales externos e internos, reales y ficticios. Una combinación en dosis precisas de elementos biográficos y documentales. Este carácter híbrido cuestiona la diferencia entre lo factual y la ficción (en lo que Muratova y Obererlacher denominaron «faketional») y nos sitúa en un espacio gris desde el que puede explorar la naturaleza de realidad y subjetividad y nos interroga por ella.
Como he apuntado, uno de los medios para conseguirlo es imbricar en el texto todo tipo de materiales (como cartas, fotografías, poemas o noticias de prensa), que actúan al mismo nivel que cualquier otra voz, al tiempo que sirven de marcadores de veracidad y contribuyen con ello a hacer densa la atmósfera de extrañamiento y desorientación que sirve al desdibujamiento o cuestionamiento de dentro fuera, arriba abajo: a eso que se ha denominado uncanniness y a lo que él mismo se refiere recurriendo al conocido concepto de «uncanny valley»[1].
Eso es precisamente Bot. La obra se sitúa en un valle siniestro en el que resulta difícil distinguir dónde comienza o acaba lo real y en qué podría consistir. De la misma manera, dejamos de tener claro qué crea el autor y si ese autor es realmente Clemens J. Setz, el Clemens J. Setz personaje o su bot a través de un documento Word. La primera pista la ofrece la cubierta original: si no hay autor y dado el uso que se hace en ella de las fuentes, puede leerse como «Clemens J. Setz Bot». Así pues, vamos a leer una conversación del «bot Clemens J. Setz».

En una obra en la que el autor desaparece (aunque es constante la presencia del Setz personaje y autor de otros lugares) y en la que se crea un espacio inhóspito a través de la mezcla de voces y materiales, y de recursos como sonidos y luces, consideré esencial reducir al mínimo la presencia de esta traductora, que a veces puede irrumpir con demasiado estrépito en la obra que traduce a través de un instrumento: las notas.
Por otro lado, la intertextualidad era tan compleja como clave, tanto con obra propia como ajena, en citas explícitas o «camufladas». Mi decisión fue respetar la cita que simplemente está, que es invisible, y que el autor no ha querido explicitar. Sin embargo, en ocasiones es imprescindible cubrir el hueco que separa al lector en alemán del lector en español, para que este pueda realizar las mismas operaciones inferenciales que el lector original (o lo más parecidas posible).
Para resolverlo me valí, en primer lugar, de las notas que incluyó el propio Setz al final de la novela y con las que recoge in extenso algunas (no todas) referencias a su propia obra o a las de otros. Entre ellas intercalé unas cuantas notas propias. Además, reduje al mínimo imprescindible las notas al pie (reduciéndolas a traducciones de canciones en inglés compuestas por el autor, por ejemplo). Con todo, ante la necesidad ineludible de salvar esa distancia referencial y cultural que permita activar las inferencias en el contexto de destino, me pareció muy útil recurrir a un blog anónimo disponible en Internet, concretamente en Tumblr. Es este:
https://www.tumblr.com/laserpoint
No aparece mencionado en ninguna parte (aquí lo hace por primera vez) y tampoco hay pista sobre su autoría. Es anónimo y simplemente está ahí para quien lo encuentre, por ejemplo, si alguien decidiera buscar un texto de Tucholsky citado por el Bot de Clemens J. Setz y hasta ahora sin traducción al español o entender qué puede ser una máquina de trinar o «RUN-DMCiegerkranz».
También tiempo atrás Clemens J. Setz y Wolfseule (a quien se menciona en Bot) hicieron algo parecido, aunque en Twitter y con otra novela: Die Stunde zwischen Frau und Gitarre (La hora entre mujer y guitarra):
En este artículo se recogen las imágenes y los textos de ese Tumblr anónimo, «Los clics de un puntero láser», con pistas que pueden ser prácticas para los lectores de Bot. Por mi parte, espero haber ayudado a recrear aquí lo inquietante del espacio al que da forma Clemens J. Setz.
Quizá antes de terminar queráis leer un texto de Tucholsky, «La farmacia»:
Al visitar una ciudad desconocida, lo primero que hacen algunas personas es acudir al restaurante del Ayuntamiento y otras, a algún monumento… Lo que hago yo es ir a la farmacia. Ahí sabe uno a qué atenerse.
Es sumamente reconfortante ver que en Dalarna, en Faido o en Turnu-Severin, los frasquitos también están perfectamente ordenados y todos con el nombre bien a la vista, aunque de casi ninguno sepamos lo que contiene. Algunos nombres son escandalosamente indecorosos, pero los farmacéuticos no lo hacen con esa intención. Y siempre huele a cosas fuertes y acres: son esos olores los que se le van subiendo a la cabeza al bueno del boticario y se la dejan sonada como a todo buen boticario. (Protesta formal de la Unión Imperial de Propietarios de Farmacias Alemanas. Arrepentimiento del autor. Ya no existe ninguna locura privativa del gremio de boticarios, incluso los agrimensores están en pleno uso de la razón… Solo os queda una locura: la vanidad profesional). En fin, las farmacias.
En realidad, nunca necesito nada, pero hay tantos y tan simpáticos remedios que da gusto comprar: valeriana, bicarbonato sódico, tintura de yodo… Para algo servirán. «Por favor, deme…».
Entonces aparece flotando un ángel con bata blanca y, si estamos en una farmacia alemana, el joven caballero tendrá cicatrices de esgrima y un gesto grave y ceñudo, como diciendo: «¡Eh, tú! Tenemos estudios y que te vendamos algo es hacerte un favor». Con eso, hasta la arcilla se vuelve el doble de agria de miedo. Otras veces, te atiende una aprendiza rubia y lozana, y no te entra en la cabeza que una criatura tan afable pueda saber de memoria todos esos nombres en latín. Tampoco falta nunca un anciano, que, tras un alto mostrador y sin decir una sola palabra, se dedica a mezclar alguno de los incontables medicamentos…
Aunque, en realidad, no hay más de quince y eso, siendo generosos.
Desde los tiempos de Hipócrates, solo hay quince medicamentos y, aun así, una industria química altamente desarrollada y las fábricas para la producción en masa de médicos han conseguido hacer de esos diez medicamentos unos cuarenta y cuatro mil cuatrocientos cuarenta y cuatro. Algunos pasan de moda y los desechamos. Sí, también se gana dinero con eso. Pero no es lo único: los enfermos quieren que sea así. No solo creen en el hombre milagroso (ya sea profesor o curandero), sino que también depositan su fe en esas cosas con etiquetas de colores y pulcramente envasadas que terminan en -ina o en -ol, y que no son más que alguna combinación nueva de los mismos diez medicamentos de siempre.
Es bonito estar en una de esas farmacias. Estás a salvo; dentro no te puede ocurrir nada, porque hay algo para cada enfermedad y para cada persona. Qué ordenado todo, y qué equilibrado, y qué redondamente medido… qué poco salvaje.
¿Tendrá el boticario un tornillo suelto? ¿Una esposa infiel? ¿Conflictos con su visión del mundo? Ni debería ni queremos saberlo nosotros. Estamos ante él, el capellán de pueblo de la J. G. Farben y predicador rural de la ciencia médica. La farmacia vuelve contemplativo: pedimos, tomamos, pagamos y ya estamos medio curados.
Hasta la puerta.Fuera es mucho menos acogedor y, desde la isla suavemente perfumada de la medicina, nos lanzamos de nuevo a mar abierto.
La farmacia es la estampa sagrada del hombre sencillo e incrédulo.Kurt Tucholsky, Lerne lachen ohne zu weinen. Berlín: Ernst Rowohlt, 1932.
Y una recomendación musical, quizá conozcáis la letra…
Bibliografía:
Espezúa Salmón, D. (2006). Ficcionalidad, mundos posibles y campos de referencia. Dialogía: Revista de Lingüística, Literatura y Cultura, (1), 69–96. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2784524.pdf
Muratova, N., & Obererlacher, A. (2024). Clemens J. Setz on bursting the reader’s reality bubble. In B. Schirrmacher & N. Mousavi (Eds.), Truth claims across media (pp. 179–197). Palgrave Macmillan. https://doi.org/10.1007/978-3-031-42064-1_8
Orive Jiménez, S. (2020). Elementos que modifican el resultado de la teoría del Valle Inquietante (Trabajo de fin de máster, Universitat Oberta de Catalunya)
[1] El concepto remite al alemán de unheimlich, de traducción compleja, pero que en este libro en concreto he traducido por inquietante por ser el concepto consolidado en el uso («valle inquietante») y facilitar la inferencia.
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