Lectura de «Andar», de Thomas Bernhard. Una relación.

El pasado jueves, 23 de octubre de 2025, la Librería Cálamo de Zaragoza acogió una lectura de Gehen (Andar), de Thomas Bernhard, publicada por Editorial Contraseña, con mi traducción. Tuve el placer de estar acompañada por Daniel F. Hübner, que leyó el texto en alemán. Y, por supuesto, por todos los que quisieron dedicar la tarde a escuchar y leer con nosotros. Solo puedo estar agradecida.

El encuentro no pretendía ser tanto una presentación (aunque, inevitablemente, algo tuvo que serlo), como una invitación a imaginar la forma en que el texto podría sonar en la cabeza de los destinatarios originales, los lectores en alemán, aquellos en los que quizá pensó Thomas Bernhard al escribir el texto, en el acto comunicativo original. Y, junto a ello, que los asistentes pudieran escuchar la forma en que yo imaginé, al traducirlo, que podría sonar en español.

La lectura, así concebida, fue acompañada por algunos apuntes sobre los medios utilizados por Bernhard y los recursos a los que recurrí yo en el trabajo de traducción. Aunque no es un texto concebido (al menos no en primer término) para la lectura en voz alta, en él es clave (como vimos) la oralidad y ciertos elementos formales, que no solo tienen importancia en cuanto a la forma, sino para la creación del significado del texto en su conjunto. Por este motivo, gran parte de mi trabajo consistió en traerlos al español para ofrecer una experiencia lo más parecida posible a la intención del autor.

En tanto que solo, antes que Karrer se volviera loco, andaba con Oehler los miércoles, ahora también, después que Karrer se volviera loco, ando los lunes con Oehler. Como Karrer andaba los lunes conmigo, ande, ahora que Karrer ya no anda conmigo los lunes, también los lunes conmigo, dice Oehler, después que Karrer se volviera loco y se fuera derecho a Steinhof. Y sin dudarlo le dije a Oehler, de acuerdo, andemos los lunes también ahora que Karrer se ha vuelto loco y está en Steinhof. En tanto que los miércoles andamos siempre en una dirección (la del este), andamos los lunes en la del oeste, y es llamativo que los lunes andamos mucho más deprisa que los miércoles, probablemente, pienso yo, Oehler andaba mucho más deprisa con Karrer que conmigo, viendo que los miércoles anda mucho más despacio y los lunes, mucho más deprisa. Ya ve usted que por costumbre, dice Oehler, ando mucho más deprisa los lunes que los miércoles porque con Karrer (los lunes, por tanto) andaba mucho más deprisa que con usted (los miércoles).

 

Andar se publicó en 1971. Para entonces, Bernhard había cumplido ya los cuarenta y, como dice Oehler, «pasados los cuarenta, hasta la fuerza de voluntad flaquea tanto que ni siquiera tiene sentido hacer el intento de irse». Ha publicado novelas como Trastorno y La calera, además de otras novelas breves, estas formas breves de prosa entre el relato y la novela a las que pertenece también Andar: Amras, en 1964, y después, Ungenach (1968) y Watten (1969).

En español Andar se publicó en una colección titulada Relatos y publicada por Alianza, con traducción de Miguel Sáenz, en 1987. Además de Andar, la colección recoge las otras tres novelas cortas mencionadas. En alguna ocasión Bernhard apuntó a cierta unidad de Ungenach, Watten y Andar, sobre todo por girar en torno a la locura (y podríamos añadir que por su cercanía a Trastorno y La calera). También planteó la posibilidad de reunir en una colección Ungenach y Watten (lo hizo antes de publicar Andar). Sin embargo, en la colección española se incluye Amras y en ediciones posteriores se suprime Andar.

De esta forma, Andar parece relegado a un carácter de obra menor dentro del conjunto de la obra de Thomas Bernhard. Por este motivo, la recuperación por parte de Contraseña no solo vuelve a poner el texto a disposición de los lectores en español, sino que devuelve la obra su carácter propio y, sobre todo, la posición que le pertenece dentro del conjunto de la obra de Thomas Bernhard.

Señalaba en el epílogo a la edición de Contraseña que Andar es un «frasco de esencias» de la prosa de Thomas Bernhard. Sus temas son muchos de los esenciales en ella, pero fundamentalmente, la locura, tanto como saber marginado de la razón dominante como enloquecerse y, por lo tanto, como amenaza. En Andar, un narrador (sin nombre, curiosamente, en una novela en que se busca el nombre exacto de las cosas, en que los nombres se repiten insistentemente y en que el olvido de los nombres es doloroso) conversa con otro, Oehler, sobre el destino definitivo de un tercero, Karrer, que se ha vuelto loco y se encuentra en el pabellón VII del manicomio de Steinhof. Su colapso, tras un rocambolesco episodio en una pantalonería, resulta del suicidio de su amigo, el químico Hollensteiner, que se mata al no encontrar en Austria el apoyo económico para su trabajo científico, siendo así ejemplo del arquetipo bernhardiano del «genio ignorado» que Austria expulsa o repele.

Si se va tan lejos como Karrer, dice Oehler, de repente se está rematada y absolutamente loco, y de golpe nada vale nada. Pensar y pensar sin parar, y pensar cada vez más, y con más intensidad cada vez, y cada vez con mayor desconsideración y con mayor fanatismo por saber sin parar, dice Oehler, pero nunca, ni por un momento, pensar demasiado lejos. En cualquier instante podemos pensar lejos de más, dice Oehler, sencillamente se va demasiado lejos con el pensar y todo pierde valor.

Junto a la locura, encontramos grandes temas berhardianos como la patria inhóspita que expulsa y retiene, el desasosiego, la inminencia de la muerte, el suicidio como pensamiento más consecuente…

La vida que tiene nadie la quiere tener, dice Oehler, todo el mundo ha llegado a un acuerdo con la vida esa que tiene, pero tenerla no quiere, una vez tiene la vida que tiene, dice Oehler, debe fingir para sí mismo que es algo la vida que tiene, pero en realidad y en verdad solo le resulta espanto.

Pero, lo que hace única esta novela en el conjunto de la obra de Bernhard es un exprimir radical de recursos estilísticos recurrentes y la exploración de otros nuevos. De la prosa de Bernhard, de la que Peter Handke dijo que tenía tal poder de atracción que no dejaba atención para nada más, se suele destacar la repetición de elementos a nivel fonético, sintáctico y semántico, así como la variación de recursos y estructuras que se van apilando. Sin embargo, esta acumulación no es adorno, sino que carga de sentido. Es ella misma significado.

El único acontecer que se narra en la novela es el paso abrupto de Karrer al estar loco y se significa con la repetición incansable de frases que concentran en sí todo lo que es, como si fuera de ellas no pudiera haber nada.

Entonces Karrer volvió a levantar el bastón, en palabras de Oehler a Scherrer, y dio unos cuantos golpes en el mostrador diciendo con insistencia: ¡me tienen que reconocer que la tela de estos pantalones es género de saldo checoslovaco!, ¡me lo tienen que reconocer!, ¡me lo tienen que reconocer!

En Andar la escritura no solo es «música en prosa». Quizá esta sea una de las obras más herméticas  de Bernhard por el alto grado de mediación lingüística en la reproducción del discurso: un narrador refiere lo que dice Oehler, que refiere lo que dice Karrer y refiere como refiere lo referido al psiquiatra Scherrer, y a todo esto se suman los pensamientos, conformando un sistema de citas encadenadas caracterizado por los cambios de perspectiva y los repeticiones

Por un lado, esos recursos dirigen la atención a la materialidad del lenguaje. La repetición también sirve a la musicalidad: todas las referencias se internalizan, los patrones repetidos los hacen predecibles y vacía al lenguaje de significado más allá de él. Todo parece encerrarse en sí mismo y no alcanzar lo externo y ahí no queda sino cuestionar la identidad y de la definición misma de realidad.

Lo que hay que entender en lo que digo o sobre lo que digo, dice Oehler, se entiende en ello, lo que no hay que entender no se entiende.

A su vez, todo esto sirve para recrear un realismo patológico. Andar se construye sobre el pensar, pero sobre todo, un pensar desesperado por llegar a lo justo, claro y preciso: lo que está fuera, que tal vez sea real y que nunca se alcanza. La repetición, aquí, sirve como fuerte del yo frente al desmoronamiento y, además, al ser un pensamiento en movimiento protege de la pulsión (el cuerpo no piensa):

Cuando andamos, dice Oehler, el movimiento mental acompaña al corporal. No paramos de constatar que, cuando andamos y, por tanto, nuestro cuerpo se pone en movimiento, también se pone en movimiento nuestro pensamiento, que no era un pensamiento en la cabeza. Andamos con las piernas, decimos, y pensamos con la cabeza. Sin embargo, también podríamos decir que andamos con la cabeza.

La escritura reproduce esta simultaneidad del movimiento del pensar y del andar  con el ritmo, incluso con la falta de aire o la calma de la palabra cuando el movimiento del cuerpo se detiene.

 

Mi trabajo fue trasladar todo esto al español para recrear en esta lengua y este marco el acto comunicativo pretendido por el texto original de la forma más parecida posible. Para ello se despliegan todo tipo de recursos no solo lingüísticos. En el caso de Andar, en lo que tiene que ver con el propósito de esta lectura, destaco el recrear del hablar del que anda (con el ritmo de los pasos, a veces acelerado, a veces jadeante) y del polirritmo magistral de Bernhard; la reconstrucción del discurso que da forma a un pensamiento espiral; la oralidad elaborada en extrema artificiosidad; el hilar de relaciones internalizadas de las que nada escapa, y el cambio de intensidad con muy pocos «ladrillos».
Y todo ello, con la precisión de la palabra y el respeto a las inferencias propuestas por Thomas Bernhard, sin cerrar significados.

En este encuentro lo presenté de forma práctica. Mi intención es publicar un análisis más detallado y concreto de este trabajo.

Gracias a todos los asistentes por su generosidad. A Daniel F. Hübner, por la palabra. También a Alfonso Castán, de Editorial Contraseña, que cerró la tarde desvelando parte del trabajo discreto de un editor. Si este libro existe en español es, sin duda, gracias a su esfuerzo y empeño. Gracias (bis) a todos.