«Ver andar a uno que piensa»: Crónica de un encuentro en el Centro Joaquín Roncal
El jueves 4 de diciembre tuve el placer de participar en la programación de la Asociación Aragonesa de Germanistas y Profesores de Alemán (AAGYPA), con una conferencia en el Centro Joaquín Roncal de Zaragoza. El encuentro, acompañado de glühwein y un ambiente distendido, reunió a profesionales, estudiantes y amantes de la literatura para reflexionar sobre algo tan cotidiano como caminar.
Bajo el título «Ver andar a uno que piensa. El caminar y los caminantes en la literatura alemana», propuse un recorrido por la literatura y el pensamiento en lengua alemana a través de la figura del caminante, para observar cómo el acto de andar ha articulado ideas sobre libertad, identidad, creación, huida o desarraigo.
Esta fue la propuesta inicial:
Hay gestos tan cotidianos que parecen libres de todo secreto. Caminar.
Poner un pie delante del otro, avanzar con destino o sin él. Pero ¿dónde empieza el camino y cómo acaba? ¿La mirada que lanzamos al mundo alimenta un pensamiento distraído o creamos círculos que nos impiden llegar afuera?Desde el vagar de Hermann Hesse, el paseo con los ojos abiertos Robert Walser, el andar sobre el vacío de Thomas Bernhard o la huida en pie de una Europa en guerra de Hertha Pauli, esta conferencia invita a recorrer esos y otros senderos de la literatura contemporánea en alemán para trazar una cartografía del divagar que descubra cómo se han unido en ella el movimiento del mundo, del cuerpo y del pensar.
A partir de aquí, nuestro pensar comenzó con un rodeo que nos llevó hasta la Edad Media y la imagen del caminar dando vueltas sobre sí mismos de los pecadores: la eternidad representada por el movimiento del andar.
En nuestro recorrido, aparecieron distintas figuras del caminar. Desde el flâneur descrito por Walter Benjamin, que pasea sin destino por la ciudad y observa la multitud sin mezclarse con ella, o el paseante de Rousseau que busca el regreso al paraíso perdido a través de la unión íntima y espiritual con la naturaleza no domesticada. Nos acompañaron el repentino paseante nocturno de Kafka, que actúa movido por la pulsión de la libertad; el paseante de Robert Walser que ve en la naturaleza una infinitud de posibilidades para la creación o el vagabundo de Hermann Hesse, un ser primigenio, ligado a la naturaleza, una figura que “siempre vive en el amanecer del mundo, antes de que comenzara la historia, y su vida responde siempre a unos pocos y sencillos afanes” .
Muy diferente es el andar de Thomas Bernhard, que plantea un caminar acelerado, obsesivo, en el que “andar y pensar están en una incesante relación de intimidad recíproca” y donde “vemos cómo piensa el que anda, al igual que podemos decir que vemos cómo anda el que piensa” .
Tampoco faltaron caminantes involuntarios, como Hertha Pauli: su huida a pie, en compañía de Walter Mehring, durante la Segunda Guerra Mundial, recuerda que caminar puede ser también supervivencia: “Así, por caminos interminables y sin mirar atrás, marchamos los dos juntos hacia el amanecer…” .
La conferencia terminó cerrando el círculo, con Sebald y una naturaleza que es caos (frente a la armonía de Goethe). Fue un regreso al caos primigenio, previo a la separación de cielo y tierra, luz y oscuridad.
Fue un encuentro cálido y participativo, en el que compartimos lecturas y preguntas, y en el que pude celebrar, una vez más, la posibilidad de pensar en compañía. Agradezco a la AAGYPA la invitación y el cuidado, y a quienes asistieron, su curiosidad y generosidad.

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