Setz lunas aterrizaje

Clemens J. Setz 

Seis miniaturas sobre la verdad

Traducción del alemán

Seis ensayos que exploran conexiones inesperadas entre la literatura, la memoria, la percepción y las formas contemporáneas de la ficción. Un antiguo tranvía, el efecto Mandela, las citas apócrifas atribuidas a Werner Herzog, el universo de Chéjov o la figura de André el Gigante se convierten en puntos de partida para indagar en la naturaleza de la verdad.
Considerado una de las voces más originales de la literatura en lengua actual, Setz combina la agudeza del observador, la imaginación del narrador y la libertad del ensayista. El resultado es una reflexión intelectual que conserva siempre el asombro de quien sigue preguntándose cómo construimos aquello que llamamos realidad.

El libro y su autor

Clemens J. Setz (Graz, 1982) es un escritor, traductor y matemático austriaco, con una abundante producción literaria que dedica, quizá principalmente, a explorar desde la escritura límites (los de la narración, los de la identidad, los de la realidad y la subjetividad…). Desde la interseccionalidad cultiva diversos géneros (novela, cuento, poesía y ensayo) y se adentra también en la intermedialidad.

Estudió Matemáticas y Lengua y Literatura Alemanas en la Universidad de Graz, aunque abandonó los estudios para dedicarse en exclusiva a la escritura, que no es solo literatura, sino también traducción.

En Seis miniaturas sobre la verdad, reúne seis ensayos breves que exploran conexiones inesperadas entre la literatura, la memoria, la percepción y las formas contemporáneas de la ficción. Un antiguo tranvía, el efecto Mandela, las citas apócrifas atribuidas a Werner Herzog, el universo de Chéjov o la figura de André el Gigante se convierten en puntos de partida para indagar en la naturaleza de la verdad.

Setz despliega su inconfundible escritura de extraordinaria inteligencia asociativa, que penetra en fenómenos culturales, experiencias cotidianas y enigmas del pensamiento. Y, así, cada texto funciona como una miniatura: una pieza breve y precisa que contiene, sin embargo, una amplitud de resonancias poco común.

Considerado una de las voces más originales de la literatura en lengua actual, Setz combina la agudeza del observador, la imaginación del narrador y la libertad del ensayista. El resultado es una reflexión intelectual que conserva siempre el asombro de quien sigue preguntándose cómo construimos aquello que llamamos realidad.

Mi traducción al español busca preservar la precisión conceptual, el humor sutil y la singular textura estilística de un autor cuya escritura desafía constantemente las fronteras entre conocimiento, invención y experiencia.

fragmento

La amenazadora verdad de los dobles

Desde que llevo la barba larga, me topo con dobles cada dos por tres. Aunque supongo que eso no cuenta. Los auténticos doppelgänger, aquellos que coinciden con uno hasta en el más mínimo detalle, son una rareza extraordinaria. La mayoría nos libramos de tener nunca encuentros así. Sin embargo, uno de mis dogmas de fe absolutos es que todas las personas de este planeta tenemos por ahí a alguien con un parecido casi perfecto y que existimos en un permanente estado inconsciente de miedo-antimateria respecto a ese trasunto nuestro, alimentado quizá por la sospecha de que las imitaciones casi perfectas podrían acabar resultando más auténticas y verdaderas que el ser original.

En la biografía Tramp: The life of Charlie Chaplin, escrita por Joyce Milton, leemos que Chaplin participó en 1915 en un concurso de imitadores organizado en un teatro de San Francisco. Ni siquiera llegó a la final. Una de las pruebas consistía en remedar la forma de andar de Charlot y Chaplin quiso hacerla a toda costa, «porque sintió lástima y la necesidad imperiosa de mostrarles cómo se hacía». Sin embargo, caminó a la velocidad normal, tal como estaba acostumbrado a hacerlo en el plató de rodaje, mientras que el paseíllo del Chaplin walk estaba acelerado por el medio: el proyector de cine. Por supuesto, los demás candidatos se contonearon sobre el escenario a una velocidad irreal, al estilo del cine mudo, y así resultaron mucho más auténticos que el verdadero Chaplin.

En 1899, León Tolstói asistió en Moscú a una de las primeras representaciones de Tío Vania, de Antón Chéjov. La obra le pareció de un tedio tremebundo y fue incapaz de seguir el argumento. Lo único que en efecto le gustó e incluso encontró medianamente auténtico fue el canto de un grillo en el último acto. Todo lo demás, boberías. En cambio, lo del grillo, ¡de fábula! Pero la cosa aún tenía más miga. Uno de los actores estuvo un mes entero aprendiendo a imitar el chirrido con un insecto de verdad que se había instalado en los baños de Sandunov y pasaba allí los días tratando en vano de atraer a alguna hembra. Entonces, ¿ese grillo supraauténtico, que ni siquiera era un grillo, sí que lo era en cierto sentido? ¿Qué habría pensado Tolstói de haber visto al actor haciendo aquellos ruiditos con la boca entre bambalinas?

En la actualidad contamos con un término que describe con exactitud la desorientación punzante que se experimenta al contemplar a un doble casi perfecto: uncanny valley, el valle inquietante. Recibe ese nombre de la forma de la curva de percepción