Portada Brigitte Schwaiger POR QUÉ EL AGUA DEL MAR ES SALADA Una cara de mujer trazada con puntos, debajo los mismo puntos pero unidos con unas líneas naranjas formando un útero

Marieluise Fleisser

La joya del club

Traducción del alemán

Fleisser presenta los elementos constitutivos del espíritu que sustentó el nacionalsocialismo: la disolución del individuo en la masa, una impersonalidad decisiva en la sociedad, hasta el punto de impregnar toda acción y pensamiento del individuo; lo masculino como un elemento que encarna el irracionalismo, lo animal, atribuido de forma creativa y generativa (engendradora) de vida a través de la violencia y, por último, la antimodernidad, la exaltación de lo elemental, arcaico y primitivo, de lo «puro» frente a la civilización.

 

una boca de perfil las letras contraseña editorial

De la obra y la autora

En 1931, Marieluise Fleißer publicó una novela que redactó a lo largo del año anterior en Berlín, gracias a un contrato con la editorial Gustav Kiepenheuer Verlag. La novela se tituló Mehlreisende Frieda Geier, en español, La viajante de harinas Frieda Geier, y el subtítulo la presentaba como «una historia sobre tabacos, deporte, amor y negocios», una mezcla particular y excelente carta de presentación.

Fleißer, nacida en 1901 en la ciudad de Ingolstadt, cursó estudios teatrales en la Universidad de Múnich, donde conoció a Lion Feuchtwanger y Bertolt Brecht, que jugaron inevitablemente un papel decisivo en su formación y en el comienzo de su andadura literaria (también en su vida personal). Muy pronto se hizo un nombre propio como dramaturga (más tarde, Elfriede Jelinek se refirió a ella como «la mayor dramaturga [en lengua alemana] del siglo xx»). Así, ya en 1926 estrenó Purgatorio en Ingolstadt y comenzó también la escritura de Pioneros de Ingolstadt con la supervisión de Brecht. Esta obra se estrenó dos años más tarde, en 1929, en Berlín y bajo la dirección del propio Brecht, y causó un auténtico escándalo literario y político.

Instalada en Berlín y aclamada como dramaturga, pudo vivir durante un tiempo de su escritura. Precisamente es en esa época cuando publicó esta novela en parte autobiográfica, coincidiendo con la ruptura de su compromiso con el nadador y mayorista de tabacos Josef Haindl. Es una novela escrita en un momento vital de fuerza, seguridad y confianza de una mujer joven que vive con independencia económica, personal y profesional en el Berlín de Weimar, que se ha visto de igual a igual con dos de los grandes nombres de la literatura y la cultura alemanas del momento y que decide separarse del prometido de su provinciana ciudad natal.

Los vientos pronto iban a cambiar en su vida. Apenas un año más tarde, pasó por grandes problemas económicos y un intento de suicidio tras una crisis de sufrimiento psíquico (que no será la última en su vida). Pronto se vio obligada regresar a Ingolstadt y acabó casada con su antiguo prometido y trabajando en su tienda de tabacos, en el mismo año, 1935, en que Pioneros de Ingolstadt pasó a estar incluida en la «Lista de escritos dañinos e indeseables» del régimen nacionalsocialista.

Sin embargo, esta novela siempre será la de una mujer joven en la cima del optimismo vital.

En el aparentemente idílico escenario de una provincia alemana a inicios de los años treinta, Gustl Gillich, un famoso nadador, y Frieda Geier, viajante de harina, comienzan una historia de amor que se funde en armónica sintonía con el paisaje que los rodea.

Sin embargo, la realidad no tarda en mostrarse tal y como es: cruda, infeliz y arrolladora. El sistema de valores que sustenta la existencia de Gustl se desmorona: la independencia y desenvoltura de Frieda, que tanto lo atrajo en un primer momento, termina por resultarle intolerable; y su club de natación, al que ha consagrado su vida ganando para ellos méritos y distinciones, lo ningunea apostando por nadadores más jóvenes y relegándolo a un segundo lugar. Decepcionado, Gustl se lanza a la única tarea que aún puede dar un propósito a su vida: convertirse de nuevo en el nadador de élite que lleva su cuerpo al máximo rendimiento para alcanzar así gloria y reconocimiento. De esta manera logra salvaguardarse del desfondamiento de todo lo conocido y del advenimiento de un nuevo mundo que es incapaz de comprender, pero que toma forma y se encarna en la figura de Frieda y su omnímoda libertad.

Fleisser presenta los elementos constitutivos del espíritu que sustentó el nacionalsocialismo: la disolución del individuo en la masa, una impersonalidad decisiva en la sociedad, hasta el punto de impregnar toda acción y pensamiento del individuo; lo masculino como un elemento que encarna el irracionalismo, lo animal, atribuido de forma creativa y generativa (engendradora) de vida a través de la violencia y, por último, la antimodernidad, la exaltación de lo elemental, arcaico y primitivo, de lo «puro» frente a la civilización.

Fragmento

Renunciar a su independencia significa mucho para ella. Por lo visto, debería haber cultivado otras virtudes. De repente, todo se ha torcido.

¿Qué sentido tiene haberse abierto paso en el mundo como un hombre y haber desarrollado unas cualidades con las que hacer frente a la dominación masculina? ¿De qué sirve que las mujeres hagan ningún progreso si, al final, se ven atrapadas en las mismas prácticas patriarcales de la vida en común, que las obligan a volver atrás?

—Los hombres deberán cambiar de actitud —afirma Frieda y se siente como una pionera.

—Pero si tú ya nos tienes a tu servicio —replica Gustl.

Si se casa, ¿qué será de Linchen, por ejemplo? Si dejara de trabajar, ¿correría Gustl con los gastos de su educación?

Nunca había pensado en esas consecuencias. Gustl solo piensa en el matrimonio en función de sus intereses. Una obligación así no puede recaer sobre él automáticamente.

Gustl tiene que buscarse a otra mujer.

El matrimonio se ha convertido para los dos en un viejo carromato que no anda. Todo fue bien mientras cada cual iba por su cuenta, pero se desmoronó en cuanto las necesidades económicas pasaron a coincidir.

—En mi trabajo gano lo suficiente como para mantener a Linchen —insiste Frieda.

—Tu marido tiene derecho a disponer de tu trabajo —sentencia Gustl, que ha perdido toda la ingenuidad que pareció tener en algún momento.

Con el tiempo, Gustl el de los bosques aprende a rebatir y a armarse. Se ha apropiado, o le han inculcado, las herramientas del código civil. Ahora se tiende, cual largo es, en el mullido lecho de las leyes matrimoniales y todos sabemos lo que les ocurre entonces a las mujeres. Cuanto más amenazado se siente, más cree en la literalidad de los reglamentos. Se ha hartado de soportar complicaciones que no le corresponden por naturaleza y a partir de ahora quiere vivir de acuerdo con sus propios imperativos, poniendo su interés por encima de todo.

Sabe cómo tratar con animales, árboles, ríos y puentes difíciles de cruzar. Nunca se perdería en una selva ni en una isla desierta. Ahora, para ser el amo y señor del matrimonio, ha hecho suyo un principio primitivo: una mujer es una mujer. Lo envuelve de ternura y es extremadamente generoso en los placeres de la carne, pero se aferra a la letra de la ley que les facilita la vida a los hombres.

Aun con todo, no consigue tener ninguna autoridad sobre Frieda y nunca la tendrá. Son una pareja demasiado desigual.