Setz lunas aterrizaje

Clemens J. Setz

Las lunas antes del aterrizaje

Traducción del alemán

Con el hilo conductor de la vida de Peter Bender, Setz recorre la historia intelectual y evenemencial de Alemania en la primera mitad del siglo XX y borra los límites entre realidades, y entre locuras.
Mientras que las ideas que se construyen en el interior de la cabeza de Peter Bender se desbordan cada vez más a la realidad y a la forma en que la percibe, su mundo circundante cae poco a poco en el delirio, este colectivo, del nacionalsocialismo. La tensión entre desvaríos enfrentados y todos envueltos en el ropaje de lo racional es uno de los ejes de la novela y sobre él, Bender, luchará implacable como Don Quijote, aferrado a su propia locura, muchas veces al borde del colapso, pero consiguiendo ser, a pesar de todo, perdidamente humano.
Premio Austríaco del libro 2023.

El libro y su autor

Clemens J. Setz (Graz, 1982) es un escritor, traductor y matemático austriaco, con una abundante producción literaria que dedica, quizá principalmente, a explorar desde la escritura límites (los de la narración, los de la identidad, los de la realidad y la subjetividad…). Desde la interseccionalidad cultiva diversos géneros (novela, cuento, poesía y ensayo) y se adentra también en la intermedialidad.

Estudió Matemáticas y Lengua y Literatura Alemanas en la Universidad de Graz, aunque abandonó los estudios para dedicarse en exclusiva a la escritura, que no es solo literatura, sino también traducción.

En Las lunas antes del aterrizaje, ficciona la vida de Peter Bender (1893-1944) y, a través de su figura y pensamiento, hace un recorrido por la historia intelectual y evenemencial de Alemania en la primera mitad del siglo XX, muy especialmente en las décadas comprendidas entre la Primera Guerra Mundial y el régimen nacionalsocialista.

La editorial Suhrkamp publicó Monde vor der Landung 2023 y ese año la novela fue reconocida con el Premio Austríaco del Libro. En 2025, H &O Editorial la ha publicado traducida al español, con el título Las lunas antes del aterrizaje.

Clemens J. Setz narra en ella la historia vital de un pensador disidente avant la lettre, y lo hace combinando un riguroso trabajo de investigación histórica con la fuerza de un estilo literario que cubre todo el espacio, desde lo altamente poético a lo lúdico.

En Bot, Setz recoge la célebre cita de Mallarmé: «le monde est fait pour aboutir à un beau livre». Estando en el mundo (a veces con sorpresa), él mismo se cuela como personaje (o convertido en globo o extraterrestre) en muchos de sus libros y en otros lugares, como «Der Fall des Henry Bemis», se muestra perplejo por no aparecer ninguna de las obras de Franz Kafka, Thomas Mann o Peter Handke. Así, nos sumerge en una Twilight Zone, un valle inquietante entre ficción y realidad, y este es un recurso que utiliza a menudo en su literatura y que en esta novela que nos ocupa, viene acompañado de una advertencia: cuidado con tomar un cambio de vía y acabar perdido en un mundo paralelo.

Eso es justamente lo que le ocurre al protagonista de Las lunas antes del aterrizaje: Peter Bender se pierde en un mundo de delirios y se destruye no solo a sí mismo sino a lo que lo rodea. Su vida se despliega en las tres partes («El cielo», «La Tierra» y «El vacío») que estructuran la novela y que están compuestas, a su vez, por numerosas escenas. Nacido el 30 de mayo en Bechtheim, fue un estudiante superdotado, se alistó como voluntario en la Gran Guerra y se convirtió en teniente de aviación, sobrevivió gravemente herido a un accidente aéreo y se casó con Charlotte Asch, hija de un farmacéutico judío. La pareja se mudó a Worms y tuvo dos hijos. Bender se convirtió en presidente del Consejo de Obreros y Soldados, fundó una comunidad religiosa y en 1927 publicó la novela Karl Tormann. Setz, complementa este recorrido por los momentos cruciales de su biografía con cartas, fotografías y otros documentos o citas literarias. Sin embargo, junto a esta factualidad, lo que hila la novela es el mundo de ideas delirantes que a veces brotan y poco a poco van ganando terreno para convertirse en toda la realidad. Bender es un ferviente defensor de la teoría del mundo hueco, según la cual no vivimos sobre la superficie del planeta, sino en el interior de una esfera. El universo entero es una esfera hueca sobre cuyas paredes interiores nos encontramos. Si miramos en línea recta, recibimos los rayos visuales que partieron de Florida. Y la luna que vemos ahora en el cielo no es más que una de tantas que se han ido acercando a la superficie hasta que, al caer, se abren depositando nuevas formas de vida. «Nada es tan libre como las lunas antes del aterrizaje».

Pero, mientras que las ideas que se construyen en el interior de la cabeza de Peter Bender se desbordan cada vez más a la realidad y a la forma en que la percibe, su mundo circundante cae poco a poco en el delirio, este colectivo, del nacionalsocialismo. La tensión entre desvaríos enfrentados y todos envueltos en el ropaje de lo racional es uno de los ejes de la novela y sobre él, Bender, luchará implacable como Don Quijote, aferrado a su propia locura, muchas veces al borde del colapso, pero consiguiendo ser, a pesar de todo, perdidamente humano.

fragmento

Cuando alguien vive en Worms, vive sobre el planeta Tierra. Este se encuentra en mitad del universo y allí, como aprende todo el mundo, es una esfera enorme que orbita alrededor de otra esfera de fuego aún mayor. En el año 1920, sin embargo, nada de esto era así para uno de los cincuenta mil vecinos de la ciudad. Es cierto que vivía en Worms como todos los demás, pero él no lo hacía sobre la superficie, sino en el interior de un gigantesco globo terrestre. Además, lo hacía con toda la intención y sin queja alguna.
No es que se moviera bajo tierra ni como una imagen especular de sus congéneres. No, de ningún modo: estaba siempre a su lado, se ganaba el jornal y comía con ellos, e incluso lo encontraban a diario en la calle con traje y sombrero. Eso sí, iba encerrado en un colosal orbe terrestre hermético: el mundo hueco. Donde otros veían cielo y estrellas, él veía un gas azulado y lumbreras del tamaño de una manzana, a lo sumo; donde muchos sospechaban que estaba la nebulosa más cercana, él situaba con certeza Australia. Este hombre, que podía perder los estribos si le hablaban de expediciones al Polo Norte o al Polo Sur, era el exteniente de la Real Fuerza Aérea de Prusia Peter Bender, herido de guerra y condecorado con la Cruz de Hierro, escritor de profesión.